Alumnos de la III Semana de la Moda Sostenible Huella Verde EASD reivindican otra manera de entender la moda desde el reciclaje y la transformación textil
Juan Alfonso Badillo García
A las diez y media de la mañana, la Escuela de Arte Val del Omar suena como suenan los sitios donde todavía todo está por decidir: tijeras que se abren con chasquidos, máquinas de coser que arrancan y murmullos que empiezan hablando de medidas y acaban en enredos personales. El tercer día de la III Semana de la Moda Sostenible Huella Verde EASD acaba de comenzar. Miércoles 22 de abril; hoy toca taller de patronaje y reutilización textil.
La idea, contada deprisa, cabe en una frase: aprovechar la tela al máximo y convertir lo que parecía acabado en el inicio de algo nuevo. Pero basta quedarse un rato para entender que no es tan sencillo. Hay retales que obligan a elegir, a renunciar, a inventar sobre la marcha. En ese proceso lleno de dudas y pequeñas decisiones, se asoman también las voces de quienes lo están viviendo: hoy hablamos con cuatro alumnos Elena, Luz Isabela, Cayetano y Alicia que, entre puntada y puntada, aprenden a dar una segunda vida a telas y prendas olvidadas.
Elena Benito viene del teatro alternativo, de hacer magia con presupuestos mínimos, de levantar mundos con cuatro cosas bien pensadas. Cuando habla sobre las telas que caen y se convierten en otra cosa, lo que cuenta no es tan distinto de lo que están intentando hacer aquí. Esta vez, a demás, Elena no está sola. Comparte proyecto con Luz Isabela y, entre las dos, van dando forma a una idea que suena casi a contradicción: un uniforme militar convertido en otra cosa, un “soldado del amor”. Lo dicen y sonríen, pero no es solo un juego. Toma n la estética militar y la transforman por completo, con colores rosas y un aire casi cursi que desarma su dureza original. Afuera pasan cosas que pesan; dentro, ellas responden como mejor saben. Luz Isabela explica que el truco si es que lo hay está en empezar por la tela. No dibujar primero para luego cortar, sino al revés: dejar que lo que tienes delante marque el camino.
Cayetano Rusillo trabaja como si pensara en voz alta. Cuando se habla de sostenibilidad, no se queda en lo pequeño. Habla de educación, de cambios que no dependen solo de uno, de estructuras que no se arreglan cosiendo mejor. “Si esto no cambia desde arriba, da igual lo que hagamos aquí”. Y lo hace sin ponerse trascendente, casi riéndose, hasta que la aguja se parte. Se encoge de hombros, sonríe, la cambia y prosigue con la labor.
Alicia, al final, amplía el foco. Empieza en su diseño retales de prototipos que vuelven a empezar y acaba en una reflexión que incomoda un poco más. Reconoce lo evidente: lo barato atrae, lo rápido seduce y no siempre se puede elegir mejor. Lo dice sin juzgar, incluyéndose. Pero, aun así, insiste en esos pequeños gestos que parecen poca cosa: la segunda mano, pensárselo dos veces, desviarse un poco.
Si acaso alguien se pregunta si no da pena cortar ropa que ya existía, la conversación cambia de tono. No se habla de destruir, sino de transformar. De prendas que estaban olvidadas y encuentran otra vida. Y en ese gesto, que parece pequeño, hay algo que se parece bastante a una forma de mirar el mundo: no dar nada por terminado del todo. Con cinco o seis retales y poco más, a estos estudiantes les basta para coser una segunda oportunidad.
Alianzas estratégicas
Detrás de estas puntadas, de los retales convertidos en nuevas prendas y de las conversaciones que llenan el taller, está también el espíritu con el que nació RE:MODA, la Semana de la Moda Sostenible impulsada por la Cátedra Huella Verde de la Universidad de Granada junto a la Escuela de Arte y Superior de Diseño José Val del Omar. Esta tercera edición, titulada RE:MODA Moda, Comunicación e Innovación Sostenible entiende la moda no solo como creación estética, sino también como espacio de reflexión social, innovación y compromiso ambiental. Celebrada bajo el paraguas del programa de Granada como Capital Europea de la Cultura 2031 y en el contexto del quinto centenario de la fundación de la Universidad de Granada, la iniciativa cuenta además con el patrocinio de Japemasa Renault, sumando apoyos para consolidar una forma de crear donde reutilizar, transformar y volver a empezar forman parte del mismo gesto creativo.
A las diez y media de la mañana, la Escuela de Arte Val del Omar suena como suenan los sitios donde todavía todo está por decidir:
tijeras que se abren con chasquidos, máquinas de coser que arrancan, y murmullos que empiezan
hablando de medidas y acaban en enredos personales. El tercer día de la III Semana RE MODA acaba de

comenzar. Hoy toca taller de patronaje.
La idea, contada deprisa, cabe en una frase: aprovechar la tela al máximo. Pero basta quedarse un rato para entender que no es tan sencillo. Hay retales que obligan a elegir, a renunciar, a inventar sobre la marcha. En ese proceso lleno de dudas y pequeñas decisiones, se asoman también las voces de quienes lo están viviendo: hoy hablamos con cuatro alumnos Elena, Luz Isabela, Cayetano y Alicia que, entre puntada y puntada, aprenden a darles una nueva vida a telas que parecían ya acabadas.

Elena Benito viene del teatro alternativo, de hacer magia con presupuestos mínimos, de levantar mundos con cuatro cosas bien pensadas. Habla sobre las telas que caen y se convierten en otra cosa, eso que cuenta no es tan distinto de lo que están intentando hacer aquí. Esta vez, además, Elena no está sola. Comparte proyecto con Luz Isabela y entre las dos van dando forma a una idea que suena casi a contradicción, un uniforme militar convertido en otra cosa, un “soldado del amor Lo dicen y sonríen, pero no es solo un juego. Toman la esté tica militar y la transforman por completo, con colores rosas y un aire casi cursi que desarma su dureza original. Afuera pasan cosas que pesan;
dentro, ellas responden como mejor saben. Luz Isabela explica que el truco si es que lo hay está en empezar por la tela. No dibujar primero para luego cortar, sino al revés: dejar que lo que tienes delante marque el camino.

Cayetano Rusillo trabaja como si pensara en voz alta. Cuando se habla de sostenibilidad, no se queda en lo pequeño. Habla de educación, de cambios que no dependen solo de uno, de estructuras que no se arreglan cosiendo mejor. “Si esto no cambia desde arriba, da igual lo que hagamos aquí Y lo hace sin ponerse trascendente, casi riéndose, hasta que la aguja se parte. Se encoge de hombros, sonríe, la cambia y prosigue con la labor.

Alicia, al final, amplía el foco. Empieza en su diseño retales de prototipos que vuelven a empezar y acaba en una reflexión que incomoda un poco más. Reconoce lo evidente: lo barato atrae, lo rápido seduce, no siempre se puede elegir mejor. Lo dice sin juzgar, incluyéndose. Pero aun así insiste en esos pequeños gestos que parecen poca cosa, como la segunda mano, pensárselo dos veces, desviarse un poco.
Si acaso alguien se pregunta si no da pena cortar ropa que ya existía, la conversación cambia de tono. No se habla de destruir, sino de transformar. De prendas que estaban olvidadas y encuentran otra vida. Y en ese gesto, que parece pequeño, hay algo que se parece bastante a
una forma de mirar el mundo, sin dar nada por terminado del todo. Con cinco o seis retales y poco más, a estos estudiantes les basta para construir una nueva vida.